Reconstruyamos la historia de Colombia 1945-1948 para conocer algo del gobierno de Alberto Lleras Camargo y de Mariano Ospina Pérez.
Las regiones continuaban su existencia al margen de la capital; en lo gubernamental se reflejaba en los Departamentos las inquinas partidistas de los líderes nacionales.
Alberto Lleras Camargo fue uno de los contados políticos moderados de esa entonces, que se daba cuenta que los hechos en la base eran consecuencia de las directivas de los Directorios políticos nacionales, que incitaban a sus seguidores, que los provocaba desde la capital a antagonismos extremistas e incivilizados.
El 20 de abril de 1946, Ricardo Bonilla, gobernador liberal del Departamento del Tolima abrió las sesiones de la Asamblea departamental con una descripción gris y lacónica del orden público, invitando a las bancadas a hacer las paces en pos de no entorpecer los comicios presidenciales que se avecinaban.
Dividido el partido liberal entre el candidato oficial Gabriel Turbay (438.225 votos) y el populista Jorge Eliécer Gaitán, (356.995 votos) le permitió a las minorías conservadoras, unificadas, retomar con Ospina Pérez- un hombre de negocios, que se había movido entre la SAC y la Federación de Cafeteros, mejor dicho entre la clase dirigente de esta nación-, el manejo del país (con una votación de 564,661 votos)[1]. (Las cifras discrepan un poco con el DANE, quien da, para Gabriel Turbay 441.199 votos, Jorge Eliécer Gaitán 358.957 votos y Mariano Ospina Rodríguez 565.939 votos. Porcentualmente, liberalismo 58.5% y Conservatismo 41.4%[2]; el porcentaje de participación electoral sobre la población apta para votar, cedulada es de 55.7%)[3].Persisto en el argumento reticente de la validez electoral con índices superiores al 50%, en caso contrario pierde credibilidad.
Las puyas verbales y los insultos de grueso calibre fluyeron en profusión entre los candidatos, atizando la hoguera expectante de actitudes agresivas hacia los contrarios políticos[4]. Nuestra dirigencia política manejaba a la perfección la manipulación y el impacto psicológico sobre las huestes que los seguía; la radio ganaba protagonismo y en los territorios más recónditos se escuchaban las altisonantes declaraciones sectarias.
Los conservadores ganaron el ejecutivo pero reiteremos que el control Legislativo era Liberal, así como la mayoría en Asambleas y Concejos; el gobierno recién electo se la jugó por la Unión Nacional, figura consistente en darle participación activa a la facción oficial del partido liberal. Los gamonales extremistas del partido conservador recelaban de esta “tajada burocrática”[5].
Finalizando 1946 muchas organizaciones obreras presentaban sus demandas de mejores salarios; la policía Nacional (de corte liberal y popular) fue llama a sofocar los desordenes, se esperaban medidas drásticas; no fue así. Entonces empieza el desmonte liberal en la Institución policiva, llamando al servicio a conservadores ortodoxos. 202 Militares fueron llamados a las alcaldías de los municipios señalados por los desórdenes, en virtud del estado de sitio promulgado; permanentemente debían decidir o tomar partido por alguna de las facciones (que fácilmente incluía jueces, concejales y políticos en general)[6]
[1]GUTIÉRREZ CELY, Eugenio y Miguel Ángel Urrego Ardila.1001 cosas de la historia de Colombia que todos debemos conocer, círculo de lectores, Santafé de Bogotá 1995, página 152
[2]DEPARTAMENTO ADMINISTRATIVO NACIONAL DE ESTADISTICA (DANE), Colombia Política, Bogotá 1972, página 154
[3] Ibíd.., página 152
[4]RAMSEY, Russel. Guerrilleros y soldados, Tercer mundo editores segunda edición, Bogotá 2000, páginas 107-108
[5] REYES, Catalina. El gobierno de Mariano Ospina Pérez: 1946-1950 en Nueva Historia de Colombia Vol. II. Planeta Colombiana editorial, Bogotá D.E.1998, páginas 9-32
[6]RAMSEY, Russel. Guerrilleros y soldados, Tercer mundo editores segunda edición, Bogotá 2000, página 118.
1947
El 12 de febrero de 1947 se divulgará el llamado “Mensaje Liberal”, donde Gaitán afirmará:
“Siempre he proclamado la necesidad imperiosa, que ahora se acentúa, de que el liberalismo se organice para hacer uso de la legítima defensa y para resistir a la agresión, pues solo el pueblo tiene en sus manos los medios adecuados para hacer y buscar sus derechos y que sean respetados”. A mediados de ese mismo año se intuía que la Policía Nacional brindaba armamento a los conservadores y a su vez los liberales obtenían armamento de contrabando vía Venezuela[1].
Mientras tanto se avecinaban otros comicios, los de marzo de 1947; el gaitanismo calaba hondo entre las multitudes y se presentaba como la alternativa popular de los desposeídos; los liberales oficiales pensaban que ese movimiento estaba viciado de demagogia y anarquía. La votación para el Congreso-por primera vez se elige popularmente a los senadores de la república[2]-, quedó así: De un total de 1.472.689 votos, el liberalismo obtuvo 805.732 (54.7%), mientras los conservadores sacaron 653.987 (44.4%).[3] Comparando el volumen de votación liberal en las elecciones presidenciales (800.156 votos) frente a esta, creció 5.000 votos (0.6%) aproximadamente; haciendo el mismo ejercicio con los conservadores, pasó este grupo político de 565.000 a 653.987(15% de incremento aproximadamente). Pudo haber pesado el manejo del ejecutivo por parte de este grupo. No deja de ser interesante, según Hugo Velasco, este crecimiento electoral.
Por más de 100.000 votos el movimiento de Gaitán derrotó al sector Santista (oligárquico para Gaitán); eso le bastó para asumir la dirección del Partido Liberal (¿quizás querían desgastarlo?). Tres Gaitanistas y 2 liberales oficiales fueron llamados a Ministerios. Se esperaba una actitud más crítica hacia el gobierno de turno de parte de la militancia liberal, no sucedió así. El liderazgo de Gaitán oscilaba entre las bases populares y el apoyo institucional, presentándose a veces como contradictorio; igual su aspiración presidencial no podía prescindir de ninguna de las dos facetas.
Para el 13 de Mayo se programó un paro nacional (en ese año se contabilizó el número más alto de huelgas dado en el país); el gobierno tomó medidas drásticas para reprimir el movimiento y garantizar el transporte; fracasando el paro, los despidos se multiplicaron. Gaitán dudaba entre apoyar el régimen o apoyar los intereses de la clase trabajadora; empieza entonces una oposición en el Congreso contra Ospina y sus ministros, liderada por Gaitán, mas no por el sector oficial del liberalismo. El 5 de octubre se celebraron las elecciones para los cabildos locales; el liberalismo volvió a derrotar a los conservadores por más de 150.000 votos. El grupo perdedor, acaudillado por Laureano Gómez, espetó la disculpa del fraude electoral, dizque 1.800.000 cédulas falsas poseía el liberalismo. Esto contribuyó a agriar las relaciones bi-partidistas. En este estira y afloje Gaitán no salió bien librado; el escaso apoyo a sus proyectos legislativos y sus fracasados diálogos con el gobierno para detener las violencia, lo manifestaban. En consecuencia, el jefe popular advierte públicamente a sus seguidores -y de contragolpe pone en alerta a sus adversarios sobre la necesidad de estar preparados para cualquier eventualidad.
Aún bajo la égida de Ospina, el ejército vestía uniforme verde oliva, la policía nacional portaba el uniforme gris, mientras que la policía departamental combinaba uniformes con indumentaria civil. Bajo su gobierno se creó el Seguro Social con el disgusto de muchos patronos; así mismo se creó la siderúrgica de Paz del Río y ECOPETROL…
[1]RAMSEY, Russel. Guerrilleros y soldados, Tercer mundo editores segunda edición, 2000, página 122-123
[2]VELASCO A., Hugo, Mariano Ospina Pérez, Biografía, Editorial Cosmos, Bogotá 1953, página 117.
[3]DEPARTAMENTO ADMINISTRATIVO NACIONAL DE ESTADISTICA (DANE), Colombia Política, 1972, página 154.
1948
Empieza 1948 con casos alarmantes de violencia no ya entre individuos sino entre comunidades enteras; inicialmente Boyacá y Santander destacaban en este tipo de desórdenes, al abrigo de autoridades civiles y policiales; inclusive la iglesia católica instigaba a los conservadores contra los liberales. Los periódicos de ambos partidos, bombardeaban a sus lectores con afrentas y acusaciones para sus rivales, agudizando más la contienda; había dos versiones de la barbarie desatada, la liberal y la conservadora. En febrero Gaitán auspició la Marcha del silencio, en Bogotá; durante dos horas una multitud marchó sin emitir sonido, en defensa de la vida. Sucesos trágicos se desarrollaban en otras latitudes de la nación; ante la imposibilidad (¿o desidia?) de la administración Ospina, todos los liberales se retiraron de los ministerios y en general de los cargos públicos, para alegría de lo sectores radicales del conservatismo.
La conferencia periódica de los países americanos, pospuesta por mucho tiempo durante la segunda guerra mundial, se convocaba cada seis años y se había convocado para Enero de 1948 en Bogotá. Entre ires y venires se aplazó para marzo. La CIA, el 2 de febrero anticipaba que los comunistas (que contaban con 60 células en Bogotá y grupos de acción en 15 sindicatos), estaban organizando mítines contra el evento. El 28 de febrero se conmemoraba el centenario del Manifiesto Comunista de 1848 y hubo batallas campales entre las facciones comunistas de Viera y Durán. El evento contaba con la participación de grupos de izquierda extranjeros, por ejemplo, Fidel Castro-patrocinado por Perón y Rómulo Betancourt-.En marzo de ese año sangriento, Gaitán había fundado un Domicilio de Refugiados, para albergar a Desplazados, víctimas de la intolerancia en los campos; solicitó ayuda financiera al concejo de Bogotá que se la negó [1].
Laureano Gómez, Ministro de relaciones exteriores, fue nombrado presidente de la IX conferencia panamericana; se adelantó entonces una precipitada labor de embellecimiento de la ciudad, con un efecto inflacionario importante. Se trató que no hubiera pordioseros ni vendedores ambulantes a la vista de los invitados. A Gaitán se le excluyó de la nómina de participantes colombianos en el certamen internacional, por no ser internacionalista.[2]
Los conservadores sostenían que los liberales, aliados con ciertos jefes de la policía, pretendían derrocar al presidente Ospina.
Como invitado importante a la conferencia panamericana, venía el general Marshall, que traía en su portafolio, no exactamente fondos para invertir en los países americanos; sí en cambio la política norteamericana de ponerle coto a la expansión comunista [3].
El 7 de abril, el temor y la incertidumbre pesaban en el aire, pero sin mayores sobresaltos.
El 9 de abril, a la una de la tarde, Gaitán se disponía a almorzar, cuando fue asesinado, supuestamente por Juan Roa Sierra (un desempleado permanente, confeso conservador, perteneciente a Organización Rosacruz y con antecedentes psiquiátricos). Una multitud de lustrabotas y loteros se encargaron a su vez de masacrarlo; la turba proclamaba la autoría del asesinato de Gaitán por parte de Ospina y/o Laureano Gómez. La manifestación de los airados revoltosos buscaba el sitio de reunión de la Conferencia Panamericana, de donde huyeron en estampida los jefes conservadores. Grupos de presión comunistas y liberales, incendiaban, rompían y saqueaban el comercio, el Capitolio Nacional, las Instalaciones del Siglo, todo a su paso, mientras otros se tomaban las emisoras dando a conocer el magnicidio, invitando a la revuelta y caída del régimen y multiplicando los efectos colaterales de su accionar violento. [4]
La revuelta estalló; insurrección sin plan ni objetivo. Fueron lastimosamente abandonados a su propia conducta y se fueron disgregando más y más. En manos de la frustración, se convirtieron en un populacho lanzado a destruir los símbolos palpables del poder y de los privilegios, de los cuales siempre habían sido excluidos.[5].
[1] RAMSEY, Russel. Guerrilleros y soldados, Tercer mundo editores segunda edición, 2000, página 127-130
[2]VELASCO A, Hugo, Ecce Hommo, Biografía de una tempestad, editorial Argra 1950, página 215.
[3] RAMSEY, Russel. Guerrilleros y soldados, Tercer mundo editores segunda edición, 2000,páginas 131-132
[4] Ibíd.., páginas 133-135
[5]MENZIES, Malcolm, Desde las montañas de Colombia, Editorial MABILLÓN, primera edición 1999, París Francia, traducido del inglés, página 10.
9 de abril de 1948 en el Tolima
Miremos algunos datos respecto al 9 de abril de 1948 en el Tolima.
La tasa de analfabetismo rondaba el 60%, explicable tal vez por el aislamiento físico de una región dispersa. Únicamente la cuarta parte de la infancia urbana asistía a la escuela, en el campo era mucho menor la cantidad de niños con acceso a la educación escolar. El hábitat normal de las familias campesinas era cerca de las tierras que cultivaban, en ranchos de bahareque, techos de palma (o cualquier material vegetal) y pisos de tierra; los más pudientes empleaban techos de zinc y pisos de concreto. La cocina en el campo se hacía en estufas de adobe y barro, así como de madera; el fluido eléctrico era un lujo que solo conocían las cabeceras municipales; en las fincas y casas rurales se alumbraban con velas de cebo y lámparas de petróleo. La red de carreteras era escasa y muy pocas llegaban a los caseríos de la cordillera. Los equinos en general eran los medios preferidos de transporte de personas y de carga (a veces los únicos)[1].
1947. Con el nombramiento de alcaldes militares en territorio tolimense (Anzoátegui y Santa Isabel), Ospina apresuró la renuncia (que no fue aceptada) del gobernador París Lozano. El Tolima se marginaba de la ola violenta que empezaba en Boyacá y Santander, mientras que las decisiones nacionales empezaban a agrietar su resistencia.
Cuando en Marzo, Gaitán llamó a todos los liberales en cargos públicos a retirarse de los mismos, quien empezó dimitiendo fue el mismo gobernador (otra vez le fue rehusada), lo secundaron el Mayor Grimaldo (comandante de la policía departamental) y su cuerpo de oficiales. Se estructuraban planes de contingencia en caso que el Departamento se contagiara del ardor bélico de otras latitudes, por parte de los liberales, que incluían desde defensa por las armas hasta resistencia civil[2].
El 9 de abril de 1948, el gobernador París dormitaba la siesta posterior al almuerzo cuando el bullicio le despertó con la noticia del asesinato de Gaitán. Rumbo a su despacho, observó machetes y revólveres entre el gentío aglomerado frente a la Plaza de Bolívar. Fue recibido en la puerta por el jefe del Directorio Liberal del Tolima, Germán Torres Barreto quien le propuso crear y dirigir un comité revolucionario de apoyo a la causa liberal. París Lozano dudaba entre su deber constitucional o asumir el reto que se le planteaba. Mientras tanto las emisoras inundaban de discursos levantiscos sus horarios, de llamamientos a la confrontación directo contra el régimen Conservador, que según los revoltosos ya estaba perdido. La turba saqueaba los almacenes, incendiaron el periódico conservador, El Derecho y el semanario El Comercio. El gobernador decidió expulsar a los conservadores de su gabinete (de por sí se encontraban escondidos). Mientras la multitud liberó a los 500 presos del panóptico. Al enterarse de primera mano, por llamada telefónica de Darío Echandía, de la falsedad de la caída del gobierno Ospina, París lozano trató de retractarse –sobre todo teniendo en cuenta que había sido el único gobernador en unirse a la revuelta; adoptó entonces ya no una actitud de apoyo a la Junta Revolucionaria, sino de pasividad frente a sus actividades.
Ocho días después, ya el ejército controlaba el orden público en el Departamento; el nuevo gobernador, Teniente Coronel Hernando Herrera movía sus fichas y levantó el 30 de junio casi todas las restricciones; la política oficial incluía no tomar represalias contra los rebeldes y el nombramiento de alcaldes y funcionarios conservadores en la mayoría de municipios y cargos. En los pueblos liberales esta afrenta no paso desapercibida y se organizaron resistencias civiles –desde los concejos municipales[3].
Una de las labores más dispendiosas para el nuevo gobernador residía en la reorganización de la fuerza departamental de policía, que en marzo de ese año había perdido a 140 agentes, producto de la renuncia (a una invitación de Gaitán) y que luego del 9 de abril, a su vez volvieron a perder 144 oficiales y agentes desleales a la administración.
[1]HENDERSON, James, Cuando Colombia se desangró, un estudio de la violencia en metrópoli y provincia, El Ancora Editores, 1984..,páginas 124-125.
[2]HENDERSON, James, Op., Cit., páginas 144-146.
[3] HENDERSON, James. Op., cit., páginas 147-158.
9 de abril 1948 Cunday Tolima
El comportamiento electoral en las elecciones presidenciales de 1946, fue el siguiente: De un total de 3.997 votos, el partido liberal obtuvo el 75.88 %, 917 votos por Gabriel Turbay y 2.115 por Jorge Eliécer Gaitán; el partido conservador y su candidato Ospina Pérez, 964 votos, calculándose la abstención en 22.75 %[1].
También ese año, la señora Concepción Ortiz de Ospina, vende al municipio de Cunday con destino al Puesto de Monta, 15 fanegadas de terreno que hacen parte de la hacienda denominada El Retiro, situada en la cabecera de esta jurisdicción municipal. Que el bien vendido, fue a su vez comprado a la señora Julia Balén de Cuellar y otros.[2]El señor José del Carmen Gonzáles donó al municipio de Cunday, don destino a Instrucción Pública un lote para la Escuela de “El Roble”; dicho lote declara haber sido fundado a sus propias expensas.[3]
En 1947 el comité liberal municipal quedó constituido como sigue: Custodio Santos, Ramón Monroy, Félix Escamilla, Alcides Villarreal y Pedro A Rojas. Se saca un aviso de remate público de la casa del municipio situada en el costado oriental de la plaza del corregimiento de Andalucía, donde funcionaba el telégrafo.[4]
El 9 de abril de 1948, la gente se agolpó frente a la casa del conocido jefe liberal José del Carmen Godoy a oír las noticias de la radio, entre la gritería de indignación de los liberales. Al mismo tiempo los conservadores empezaban a abandonar sus hogares y buscaba refugio en las veredas. El pueblo liberal nombró de facto a Ignacio Perdomo, presidente del Concejo Municipal para conducir la gleba; este solicitó al alcalde conservador, Justiniano Vargas, que abandonara la alcaldía, dejando al subteniente Ricardo Herrera, de la policía Nacional al mando; así sucedió, no obstante el despacho permaneció cerrado, porque el oficial se abstuvo de actuar como autoridad civil. A la señora Lucila Bohórquez, la telefonista, de filiación conservadora, se le pidió recluirse en su casa, dejando a un empleado liberal al frente de las comunicaciones. El señor Perdomo informó de los sucesos al gobernador París Lozano, puntualizando la necesidad de actuar con cautela y responsabilidad. El sábado 10 se confirmó el estado de agitación en todo el país. En la Inspección Departamental de La Aurora, tomó el liderazgo Máximo Cubillos; en Los Alpes Estanislao Perdomo tomó la vocería. Ese día se constituyó formalmente la Junta Revolucionaria Municipal, en local de Uldarico Rubio se escogieron sus miembros siendo elegido presidente el señor Ignacio Perdomo G; vicepresidente Ramón Monroy; Tesorero Uldarico Rubio; vocales, José del Carmen Godoy, Antonio Godoy, Félix Escamilla y Ernesto Bernal, secretario Ángel Ignacio Devia. Se censó el personal apto para tomar las armas y se envió una comisión a Girardot para recibir orientaciones. El expendio de bebidas embriagantes se prohibió. Caída la noche llegó el informe de la comisión que había ido a buscar guía en Girardot; el parte de relativa normalidad y la composición del nuevo gabinete ministerial como pautas para conjurar la crisis. El lunes 12 por la mañana se supo de la muerte del señor Hernando Leiva y dos de sus hijos y que estaba preso el señor Guillermo Sáenz y un hijo de este. Informado el señor Ignacio Perdomo presidente de la junta Municipal viajó a los Alpes y Andalucía haciendo llamados a la cordura. Se decía así mismo que el cura párroco del Carmen estaba en Andalucía y se había visto imposibilitado de salir de allí. El miércoles 14 de abril el pueblo liberal depuso a la junta, inconforme con sus acciones, entre ellos del subteniente Tobías Bobadilla y su actitud conciliadora. El señor Ignacio Perdomo fue hasta allí y arengó al pueblo pidiendo prudencia.La muerte de don Hernando Leyva (según Rosendo Salomón): Guillermo Sáenz se encontraba el domingo 11 de abril en el corregimiento de los Alpes; enterado de la situación política inestable ofreció una novilla para el personal y mandó su hijo a la Hacienda Buenavista, de su propiedad para entregarla; allí se encontraban parapetados los conservadores Laureanistas, Hernando Leyva (cuñado de Sáenz) y varios otros. Al acercarse la comisión a la hacienda, Leiva empezó a disparar, matando a un señor de apellido Luna e hiriendo a otros, motivo por el cual la personas enviadas por al semoviente se lanzaron contra él y lo capturaron después de causarle heridas, llevándolo a los Alpes para que se entregara a la policía; al día siguiente fueron remitidos para Andalucía, pero el personal que los conducía fue atacado, produciéndose el incidente en que perdieron la vida dichos ciudadanos. [5]Según otra fuente creíble, los asesinaron en la plaza del caserío y luego los machetearon hasta volverlos pedacitos.[6]
[1] Colombia, DANE, “Comportamiento electoral del municipio, 1930-1970, elecciones presidenciales”, Boletín mensual de Estadística, Bogotá, DANE, 1973, Nos 278-286
[2] Archivo Notaria Melgar, Escritura No 638 del 17 de diciembre de 1946.
[3] Ibíd.., Escritura No 521 del 27 de octubre de 1946.
[4] La opinión 13 de febrero y 28 de junio de 1947.
[5] Ibíd., Diciembre 31 de 1948.
[6] Entrevista con Alba Patricia Ortiz Leyva, nieta del mismo Ibagué 24 de septiembre del 2005.
9 de abril 1948 Corregimiento de Andalucía (Villarrica) Tolima
Había una verdadera bonanza cafetera, sin necesidad de abonos; abundaba la panela, el plátano y los semovientes, los cerdos y las gallinas, de acuerdo con conversaciones sostenidas con señores de edad que viven en la zona.
En el primer trimestre de 1947, cae asesinado Luís Alberto Díaz, al parecer por roces respecto a una acequia de agua, limítrofe entre las fincas respectivas, matizado con tintes partidistas. Se acusa del ilícito a Francisco Antonio Molina Piñeres, de 42 años, natural de Boyacá, padre de José Vicente Molina y Gonzalo Molina. De dicho señor se decía que había tenido enfrentamientos personales con Obdulio Moncaleano (a quien se sindica de haberle proporcionado un revólver al extinto Luís Alberto Díaz para acabar con la vida de Molina). El Alcalde municipal de Cunday era Rosendo Tello y Jesús M. Palacio, su secretario. En el proceso es llamado a declarar Ricardo Ibarra Bautista, de 43 años, casado; Pedro Ibarra Niño, de 23 años, soltero; Eugenio Ramírez Ayala de 52 años residente en los Alpes; Isidro Bernate, de 57 años, comerciante. En última instancia el señor Molina salió en libertad condicional, dejando $200 como garantía en el juzgado; así mismo retribuyó a la viuda con $1.000 por daños y perjuicios.[1]
Una misión norteamericana protestante tenía un Colegio privado, el Colegio Americano, que al parecer quedaba en la “zona de tolerancia”, hoy por hoy detrás de la Iglesia Presbiteriana aproximadamente. Su directora era la norteamericana Vilma Warner de Ruiz (cuyo esposo era tío de Fabio Ruiz, conocido dentista local)[2]
Mediante conversación con el Señor Arnulfo Sánchez López supe que Jorge Eliécer Gaitán había estado en Andalucía unos meses antes de su muerte, lo que reafirmaría el fervor profesado por su ideario político en la zona[3].Dicha versión fue confirmada por las hermanas Mora, puntualizando que llegó un 23 de Diciembre a las 10 de mañana, vestido de un tono pastel claro, pernoctando donde Neftalí Suárez y Eduardo Escobar. En dicha manifestación, aparte del caudillo, también tomó la palabra la Dra. Priscila Suárez, hija de Don Neftalí.[4]
Después del asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, la violencia oficial se generaliza en todo el país: las organizaciones obreras y populares son prácticamente aniquiladas y las masacres en las poblaciones de influencia liberal y comunista se multiplican. En razón de su preponderancia social el señor Luís Bustamante fue uno de los primeros pobladores de Andalucía en saber de la Muerte del Caudillo. La noticia la supo por teléfono (de esos negros, de manivela), dicen unos; otros que por un radio grande, de batería (Philips punto azul)[5]; tomó de inmediato rumbo al “pueblo” no sin antes avisarle a su vecino, Coronel Tobías Guevara, “Sr. Guevara bajémonos rápido p´al pueblo que al país se lo llevó el putas”[6]. Mientras en el caserío, la gente se arremolinaba frente a los dos o tres radios existentes donde las familias más prestantes. Entre Andalucía y La Colonia, los trabajadores de la carretera, organizados y con ánimo beligerante, empleando explosivos, quisieron marchar sobre La Colonia; mientras en el Roble una delegación revolucionaria buscaba armas (incluyendo todas las herramientas que incluyeran hierro, como azadones, picas, barretones y machetes).[7] En los Alpes también se constituyó la Junta Revolucionaria local y a todos los pobladores, casa por casa los reunieron en la plaza para instituir una milicia popular. Allí también las comisiones rurales iban de un sector a otro apresando conservadores y consiguiendo víveres y comida para los “revolucionarios” (expropiando ganado entre otros métodos). Se establecieron retenes y se exigieron salvoconductos.
La reacción inicial de los liberales (habiendo conformado un Comité de Resistencia que duró como 5 días ejerciendo labores “defensivas”, dado el claro predominio liberal en la región-solo 18 conservadores-)[8], fue aceptar, inicialmente, la dirección y jefatura de don Luís Bustamante, luego la desconocieron los dirigentes más radicales. No hubo acciones violentas ni saqueos, a excepción de un incendio en la casa del conservador Isidro Bernate (donde a la fecha reside Manuel Guerrero, en construcción distinta; allí poseía un Almacén)[9] y el apresar a los pocos conservadores del municipio; pero cerca de Buenavista, en la Hacienda Montecarlo, unos conservadores, Don Hernando Leyva y dos de sus hijos, se enfrentaron a “la comisión” liberal –aparceros y trabajadores suyos-, con unas escopetas-que era “el armamento de guerra a decomisar por la comisión liberal- y resultaron muertos, convirtiéndose en el único incidente registrado de agresión directa por parte de los liberales a los conservadores de los municipio de Cunday[10], en esas fechas, (además de ostentar con “orgullo” este acontecimiento de recibir el primer fallo condenatorio por parte de los Consejos Verbales de Guerra que se llevaron a cabo con posterioridad). Después de los acontecimientos descritos se nombró como corregidor al militar Tomás Bobadilla como Corregidor-quien tomó como secretario a Miguel Medina-.[11]
Por esos días el caserío tenía cerca de 200 casas y 1.500 habitantes en el casco urbano.[12]
[1] Archivo Histórico Judicial Estante 1´3, balda 4 caja 114 legajo 4, proceso contra Francisco Antonio Molina Piñeres, por muerte violenta de Luís Alberto Díaz, 23 de mayo de 1947.
[2] Entrevista con Olga Guevara de Ardila, Ibagué Julio 25 del 2005.
[3] Entrevista con Arnulfo Sánchez López, Ibagué Julio 24 del 2005. (Conocido periodista,director y propietario de Econoticias y ecos del Combeima, nacido en Andalucía el 24 de Junio de 1936, hijo de inmigrantes ;su padre, oriundo de Suárez Tolima y su señora madre de Palmira Valle. Establecidos en el caserío pusieron una miscelánea. Cuando los acontecimientos del nueve de Abril, su progenitor se ocultó en el zarzo de una panadería, dado su conocida extracción conservadora y días después huyeron hacia El Espinal Tolima)
[4] Entrevista con Julia Esther Mora y Rosalba Mora, Ibagué Agosto 4 del 2005
[5] Ibíd.
[6] Entrevista con Olga Guevara de Ardila, Ibagué Julio 25 del 2005.
[7] ALAPE, Arturo, El nueve de abril en provincia, en Nueva Historia de Colombia Vol. II. Planeta Colombiana editorial, 1998, página 71.
[8] Entrevista con Julia Esther Mora y Rosalba Mora, Ibagué Agosto 4 del 2005
[9] Ibíd.
[10] José Jairo Gonzáles y Elsy Marulanda Álvarez en Historias de Frontera colonización y guerras en el Sumapaz, Cinep 1990., Pág. 56
[11] Archivo Histórico de Ibagué, Sumario contra Julio Martín Rodríguez por el Delito de Rapto, radicación 4260, Tribunal Superior de Ibagué, 30 de Junio de 1948 en Andalucía (Cunday) Tolima.
[12] MENZIES, Malcolm, Desde las montañas de Colombia, Editorial MABILLÓN, primera edición 1999, París Francia, traducido del inglés, página 91.
…
El presidente Ospina optó por reestructurar su gabinete, llamando a miembros del liberalismo a conformarlo-con el descontento de la prensa conservadora, que continuaba atizando las pasiones desde sus columnas-, quedando Darío Echandía como Ministro de Gobierno. El partido liberal buscó la dirección de Carlos Lleras, puesto que el Gaitanismo, al desaparecer su líder emblemático se dispersó en luchas internas. Para fin de año se aprobó una nueva Ley electoral para revisar la cedulación antes de los próximos comicios presidenciales-como pedía Laureano-. Los liberales oficiales colaboraron -¿Preocupados quizás por el desbordamiento popular que ellos con su granito de arena habían contribuido a crear? ¿Interesados en la estabilidad de las instituciones? ¿Abriendo camino para las siguientes elecciones?-, con un fervor inusitado.