Rafael Reyes

Rafael Reyes nació en el Valle del Cuche, vereda de Tunguaquita, Municipio de Santa Rosa de Viterbo, departamento de Boyacá. No existe precisión sobre su fecha de nacimiento, pero podemos acercarnos un poco mediante su partida de bautismo, que dice que este ritual se cumplió el 5 de diciembre de 1849 y que su nombre completo era José Gregorio Ambrosio Rafael Reyes, hijo legítimo de Ambrosio Reyes y Ana Antonia Prieto; abuelos paternos Manuel Antonio Reyes y Juana Moreno; abuelos maternos Rafael Prieto y Concepción Solano; fueron sus padrinos el presbítero Francisco de Paula Abella y la señora Rosalba Fonseca.Si se hubiere ceñido este bautismo a la tradición, se habría hecho dentro de los 15 días siguientes al nacimiento.

La infancia de Rafael Reyes transcurrió entre las propiedades de sus progenitores, las más grandes de la vereda Tunguaquita. Descendía por línea paterna de Don Juan Bautista de los Reyes, natural de Burgos, quien arribó a territorio colombiano en una de las expediciones del siglo XVIII como capitán y cabo de las tropas de Don Juan de Borga, enviadas por la Real Audiencia para pelear contra los pijaos. El padre de Rafael Reyes, Ambrosio Reyes contrajo matrimonio en dos oportunidades: su primer matrimonio fue con doña Angélica Fonseca, con quien tuvo 5 hijos, entre ellos Elías y Clotilde; enviudó siendo muy joven y volvió a casarse, esta vez con Antonia Prieto y Solano, procreando cuatro hijos: María, Enrique, Rafael Y Nestor. Por línea materna desciende don Rafael Reyes de Don José Prieto Salazar, español llegado al Nuevo Reino de granada en 1750 para organizar la Casa de la Moneda de Santa Fe y otras obras públicas de interés para el Virreinato.
Su hogar estuvo marcado por la religión y la estricta disciplina, tan radical, que don Ambrosio hacía levantar a la familia a las 4 de la mañana a rezar.Doña Ana Antonia Prieto y Solano enviudaría pronto quedando con la responsabilidad de los 9 hijos, fruto de los dos matrimonios de su esposo. La guerra civil de 1854 los deja en precarias condiciones económicas. Mientras tanto Rafael Reyes cursaba sus estudios primarios en las escuelas de Santa Rosa de Viterbo y Duitama; luego asistiría a los colegios de nuestra señora del Rosario y el colegio Colón de Tunja. Cumplidos los 15 años Rafael Reyes se desplazaría hasta Duitama. Es preciso mencionar que en 1862, a los 12 años de edad fue obligado a alistarse en las filas del ejército conservador que combatía en Sotaquirá, Boyacá, alejándose de la milicia hasta 1885.
A los 17 años comenzaría Rafael Reyes su vida de comerciante. Viajó hasta Popayán donde su medio hermano Elías Reyes, con quien constituyó una sociedad “Elías Reyes y hermanos”. Se vivía la fiebre de la quina en Colombia. Los hermanos Reyes harían su primera expedición para explotar la quina, en 1866, llegando a límites con el Ecuador, explorando bosques de quina en abundancia.
En 1872 Rafael Reyes viaja a Europa para atender las obligaciones que tenía la sociedad con banqueros franceses (Fould Freré de París). Llegado al país, emprende una exploración por los actuales territorios del Putumayo. En 1875, luego de un mes de travesía llegaron a orillas del río Putumayo; hallaron a los indios Mocoas con quienes hicieron los intercambios de rigor y prosiguieron su correría hasta llegar al Amazonas, más exactamente a Belén de Pará y Río de Janeiro, donde estuvo en compañía del  emperador don Pedro II. Levantaría a su regreso, don Rafael Reyes un mapa muy completo de la región.Como colofón a estas andanzas deciden colonizar el Putumayo, para lo cual necesitaban los hermanos, financiación, recurriendo a varias personas para hacerlo, haciéndose socias de los hermanos Reyes. La empresa fracasó estrepitosamente.Durante este proyecto murieron dos hermanos de Rafael Reyes:Enrique, por fiebre maligna; Nestor, perdido en las selvas del Putumayo. Y como si fuera poco, su sobrino Alejandro, falleció de paludismo. Le quedarían a Rafael Reyes muchas deudas. No obstante su labor colonizadora fue exaltada por la Segunda Conferencia Internacional Americana celebrada en México el 30 de diciembre de 1901, decidiendo otorgar una placa a los exploradores fallecidos. Luego, el 29 de abril de 1907, la Asamblea Nacional constituyente y legislativa aprueba la ley 12, que ordena levantar un monumento en honor a sus parientes caídos durante esta labor colonizadora.
Su labor de viajero incansable lo llevó por todas las geografías, no solo en Colombia, América y medio mundo.
Como militar, Rafael Reyes participaría en las campañas de Panamá (1885) -año en que se vincularía a la vida pública nacional, inicialmente como capitán en el Cauca y 15 días después como Coronel; luego de las victorias de Roldanillo y Santa Bárbara, Rafael Reyes es ascendido a general-, Costa Atlántica y Santanderes (1895), siendo jefe del Estado Mayor del ejército nacional en operaciones en la costa atlántica.Es en este año de 1895 cuando Rafael Reyes, ostentando el título de “General en Jefe del Ejército de Operaciones sobre el río Magdalena, la Costa Atlántica y Santander”, logra el 15 de marzo, la victoria de Enciso, derrotando a los rebeldes y ganando prestigio en el gobierno de Miguel Antonio Caro, motivo por el cual se le harían muchos homenajes.
Rafael Reyes sería designado delegado al Consejo Nacional Constituyente de 1886 por el gran Cauca.
En 1887 Reyes viaja a Londres como miembro de una misión confidencial, que tenía como misión logar acuerdos relacionados con la creciente deuda externa del país;el 13 de febrero de 1888 es nombrado Ministro de fomento por el presidente Rafael Núñez: dentro de sus logros más significativos en este cargo, estuvo el impulso dado a las comunicaciones, logrando implementar las redes telegráficas en varias regiones de Colombia.Entre 1890 y 1894 es parlamentario representando al Estado del Cauca, defendiendo enfáticamente los derechos de las comunidades religiosas y de la enseñanza católica (es considerado protector de las comunidades maristas, salesianas, jesuitas…etc). En 1895 es designado ministro de gobierno de la administración de Caro, cargo del cual es relevado en 1895.
El congreso Nacional en 1898 nombra al general Rafael Reyes como Designado, para ejercer el poder ejecutivo entre 1898 a 1902.En 1903 es Enviado extraordinario y Ministro Plenipotecario en Francia.
Siendo presidente del congreso en 1904, Rafael Reyes dió posesión al presidente de la República, Carlos Holguín.
Antes, deberíamos mencionar que Rafael Reyes, en 1903 asistió a Washington como jefe de una misión a raíz del movimiento separatista del Canal de Panamá, la idea era hacer valer y respetar la soberanía de Colombia en Panamá.Al final su misión fue infructuosa.
Al terminar el periodo del vicepresidente Manuel Marroquín, Colombia se desangraba en la guerra de los míl días; la situación económica era calamitosa. Para las elecciones presidenciales solo el partido conservador se presentaría y con dos candidatos, don Rafael Reyes y Joaquín F. Vélez. Al parecer el presidente Marroquín era afecto de Reyes y lo apoyó, por encima del otro candidato.¿Cómo se escogía presidente de la República en ese tiempo? La constitución de 1886 preveía que el pueblo escogiera electores quienes a su vez votaban presidente y vicepresidente de la nación. El 7 de diciembre de 1903 se escogieron los electores y el 2 de febrero de 1904 se sufragó para presidente y vicepresidente, escogiéndose al general Rafael Reyes por 994 votos contra 982 del general Vélez. Nada fácil la tuvo la verdad. Y hubo escándalo por posible fraude, en la provincia de Padilla, donde el general Juan José Iguarán lideraba pero no tenía candidato fijo. Lo cierto es que se determinó que no hubo tal fraude.
En 1904 asume la presidencia Don Rafael Reyes, un boyacense práctico y buen administrador, amigo de las clases adineradas- resolviendo el divorcio existente entre el partido dominante, el conservatismo nacional y las clases poseedoras-, empeñado en reforzar el proceso de centralización política y fiscal. Algunos líderes conservadores como Pedro Nel Ospina, criticarían fuertemente sus excesos.
El presidente asumió su cargo el 7 de agosto de 1904, pronunciando un discurso donde esboza su programa de gobierno, que lo denomina de “Reconstrucción nacional”. Como el jefe del congreso no quiso tomarle el juramente de posesión, lo hace ante el vicepresidente José Vicente Concha. Recalca la necesidad de lograr la paz, realizar obras que fomenten y orienten la educación, fortalecieran el fisco nacional y llevaran al país por el camino de la industrialización.
El primer gabinete ministerial de Rafael Reyes fué (7 de agosto de 1904): Para el departamento administrativo de gobierno, D. Bonifacio Vélez; para relaciones exteriores, Enrique Cortés; para Hacienda, Jorge Holguín; para la cartera de guerra, Diego A. de Castro; para el ministerio de Instrucción pública, Carlos Cuervo Márquez; para el Tesoro (actual ministerio de Hacienda), Lucas Caballero.Como cosa curiosa nombró a dos miembros del partido liberal (Lucas Caballero y Enrique Cortés), algo que nos se hacía desde unos 50 años atrás.Estando atrasados los sueldos y raciones del ejército, el pago de los empleados del poder judicial y la gente de telégrafos, pidió a la junta central de emisión un préstamos de cien millones de pesos en papel moneda para ponerse al día con estas obligaciones (octubre 3 de 1904). Teniendo líos de caja , pide al Congreso reformas y que le aprueben proyectos de ley para gestionar más recursos vía aduanas, salinas, gravando la propiedad raía, para lo cual convoca a sesiones extraordinarias, del 17 al 30 de noviembre de 1904. Las sesiones se prolongaron hasta el 13 de diciembre pero por oposición de sus detractores , no hubo quórum. Ante esta falta de colaboración del Congreso, don Rafael Reyes, decreta el 1 de febrero de 1905 la convocatoria de una Asamblea Nacional, a reunirse el 15 de marzo para expedir la Ley de Presupuestos de Rentas y Gastos. Estos fueron los diputados principales de dicha asamblea nacional: Antioquia, Rufino Gutierrez, Rafael Uribe, Victor Manuel Salazar; por Bolívar, Carlos Velez D., Dionisio Jiménez, Francisco de P. Manotas; Boyacá, Salvador Franco, Sergio Camargo, Ignacio R. Piñeros, Fernando Angulo, J. M. Quijano Mallis, Manuel Carvajal Valencia; Cundinamarca, Ramón González Valencia, Juan E. Manrique, Marceliano Vargas; Magdalena, José F. Insignares S., José Genecco Colorado, Severo F. Ceballos; Nariño, Samuel Jorge Delgado, Luciano Herrera y Bernardo de la Espriella; Santander, Luis Cuervo Márquez, Benjamín Herrera y Luis F. Uribe Toledo; Tolima, Enrique Restrepo García, Maximiliano Neira y Rafael Camacho. Esta Asamblea Nacional constituyente expide 10 actos legislativos reformando la consitución de 1886, por ejemplo: los magistrados de la corte y los tribunales superiores dejaron de ser vitalicios, se reforma la división territorial del país para acabar con grandes focos de poder regional, etc. Por medio del decreto legislativo No 7 de enero 17 de 1905 se creó el Ministerio de obras públicas. Se dió prioridad a las vías ferroviarias, las carreteras y a los caminos de herradura.Las redes telegráficas se ensancharon. Se combatió sin cuartel a la lepra, que hacía estragos en el país.

Don Ramón Gonzáles Valencia era su Vicepresidente hasta 1905, año en que renunció (al parecer, dicha renuncia no tenía validez legal, por ser hecha ante «quien no correspondía aceptarla»).[1].Empezó su gobierno pluralista, con una orquestada campaña de desarme en todos los niveles de la población, minimizando la posibilidad inmediata de otra revuelta, dándole una participación simbólica al liberalismo en el gobierno (dos de los seis ministerios existentes)-y al mismo conservatismo histórico-. Uno de sus objetivos urgentes era el de arremeter contra los intereses regionalistas (gamonales), arraigados profundamente, reorganizando políticamente el país para reducir su poder, subdividiendo los Departamentos, a sabiendas que reduciría el área de control sobre el cual los caudillos tendrían autoridad e imperio, además que nuevas divisiones despertaban lealtades y un nueva burocracia que entraría a competir con la anterior. El clero reiteraba sus condenas al liberalismo y a las nuevas relaciones partidistas en la manejo de la nación, alimentando la inquina y la división. Es, cronológicamente, a partir de su gobierno, que el liberalismo experimenta un rompimiento con el radicalismo ideológico e incorpora la idea de Rafael Uribe de un Socialismo del Estado, donde el papel estatal sería la de estimular el desarrollo económico, equilibrar las antagónicas aspiraciones de clases, así como regular las condiciones de trabajo, el establecimiento del descanso dominical y la asistencia social. Valga la pena aclarar que oficialmente el liberalismo, solo hasta 1922 adoptó estos postulados y los incorporó a su programa oficial. El gobierno Reyes implantó una reforma militar y policiva, iniciando la creación de una clase profesional de oficiales capaz de ejercer constitucionalismo y fomentar la paz. Así mismo integró el ejército a un proceso de servicio social de la nación, sin precedente alguno en nuestra crónica. Así mismo, durante este mandato, ingresaron al escenario social los mal llamados grupos de presión. Como en todo proceso de ajuste hubo sectores afectados y descontentos, tal cual era el caso de los agiotistas, especuladores y rematadores de rentas, como Pepe Sierra, que debido a la estabilidad de la tasa de cambios, a la aplicación de algunos programas de crédito para la producción industrial y agrícola, a la natural reducción de las tasas de interés, vieron mermadas sus posibilidades aceleradas de enriquecimiento. El gobierno llamó a la creación, no solo de un banco que regulase la política monetaria, sino, que administrara las recién nacionalizadas rentas de licores, tabaco y degüello; se vincularon 18 accionistas. Durante su gobierno el Estado asumió el rol protagónico, siendo intervencionista por principio, coyuntural y no permanente porque el estado era un pésimo administrador según la idea del General Reyes. Los señores José María Sierra, Nemesio Camacho, Pedro Jaramillo, José Salazar, Federico Montoya, Rodolfo Gonzáles y varios más, constituyeron la sociedad anónima que organizó el Banco Central de Colombia (10 de marzo de 1905). El capital social debía ser de $8.000.000, dividido en 80.000 acciones de $100 cada una. Las acciones eran al portador y daban derecho a un voto en la Asamblea General de Accionistas.A este proceso reformista y de ajustes, hubo oposición bipartidista y fue esta oposición la que obligó al retiro anticipado de su mandato.
El 7 de junio de 1909 Rafael Reyes Prieto renuncia y encarga del poder ejecutivo al designado, general Jorge Holguín.
El 10 de febrero de 1906 el general Rafael Reyes fue victima de un atentado en el sitio conocido como Barro colorado, actual Bogota, Colombia, sobre las 11 y media de la mañana. Resulta que tres sicarios a caballo dispararon 8 tiros a quemarropa contra el coche del presidente, quien iba con su hija Sofía dentro del mismo. Los delincuentes se marcharon por Chapinero rumbo a La Calera o Sopó. La recompensa por la captura de quienes atentaron contra el presidente de la nación de la época, ascendía a $1.000 oro por cabeza.
Se presumía que los responsables del atentado eran : Arturo Salgar Neira, Roberto González y Fernando Aguilera. Un día después de los hechos la recompensa ascendía a $100.000.
Par el dia 17 de febrero se hablaba que tanto los autores como los cómplices del atentado habían sido juzgados por una corte marcial constituida en consejo de guerra verbal. Dicho organismo condenó a muerte (el día 5 de marzo) de 1906, a las siguientes personas: Juan Ortiz E., Roberto González, Fernando Aguilera y Marco Arturo Salazar como autores principales del ilícito. También fueron condenados por cómplices: a prisión de 12 años, a los señores Bercelino Hernández y Carlos Vélez; 10 años de carcel para Miguel Antonio Acosta; 5 años tras las rejas a Pedro María Ortega, Alfredo Pulido, Antonio Pulido, Luis F. Uzcátegui, Ignacio Ortega y José Gabriel Acosta.
No faltó quien acusara a don Rafael Reyes Prieto de estar comentiendo así, un verdadero acto dictatorial.

Separado de la presidencia de la República, don Rafael Reyes Prieto se embarca en el buque Bayano hacia Europa, viajando y escribiendo libros como: Asuntos internacionales. España y América (1911); Por Colombia, por Iberoamérica (1912), Asuntos económicos e industriales (1917); Notas de viaje de Bogota a la Patagonia ya Tierra de Fuego (1917).
Para el año de 1918 regresa a país aunque muchas personas se oponían a esto; no obstante el presidente Concha accede. Rafael Reyes Prieto, enfermo, solo y aislado de sus conciudadanos, muere el 18 de febrero de 1921.
[1] ROBLEDO Emilio, La vida del general Pedro Nel Ospina, Autores antioqueños Volumen 8, Medellín, Imprenta departamental, 1959, página 84.

Bibliografia consultada
Carrizosa Argaez Enrique. Linajes y Biografías, 1830-1982. Banco de la República, Bogotá, 1983.
Mercado,Agustín. Los hermanos Reyes. El correo nacional. Bogotá, abril 30 de 1907.
Perico Ramírez Mario H. Reyes de cauchero a dictador. Edic. La Rana y el Aguila. Fondo especial de publicaciones de la Universidad pedagógica y Tecnológica de Colombia, Tunja, 1974.
Reyes Rafael. Escritos varios. Tipografía Arconvar MCMXX, Bogotá 1920.
Parroquia Santa Rosa de Viterbo, libro de bautismo No 16 Santa Rosa de Viterbo, Boyacá, 1849, fol. 384.

Pantano de Vargas

Para empezar a hablar de la batalla del pantano de Vargas, empecemos con el análisis militar del terreno es crucial para entender el desenlace de los enfrentamientos.
Tenemos el valle del Sogamoso, entre las ramificaciones de la cordillera oriental, en el departamento de Boyacá, entre los municipios de Paipa y Gámeza. Es atravesado por el río grande o Chicamocha, que posteriormente toma el nombre de Sogamoso y desemboca en el Magdalena. Es dentro de este escenario macro que se habrá de desenvolver el combate del Pantano de Vargas, más concretamente entre las poblaciones de Paipa y Duitama, zona plana donde emerge solitario el Cerro de la Isla. Dicho sector se anegaba recurrentemente, antes de la canalización del río, por los desbordamientos que se producían en los meses de invierno.
Por la margen izquierda del Chicamocha vierte sus aguas el río Surba, el cual separa dos reconocidos sitios de la historia militar de la independencia: Los Molino de Bonza hacia el occidente y los corrales de Bonza hacia el oriente.
Pero también es importante señalar, que al occidente de Duitama se halla la colina de Corgua; es en sus estribaciones que se encuentra la Hacienda de Bonza.
Hacia el sur del Valle del Sogamoso se localiza el famoso sector del Pantano de Vargas.
Queda anclado al oriente de Paipa; sus dimensiones pueden ser de cuatro kilómetros de longitud de sur a norte y kilómetro y medio de oriente a occidente; por el centro corre la quebrada de Vargas, “cuyos desbordes formaban hasta no ha muchos años pequeñas lagunas y hondos tremedales, de donde le ha venido el nombre al paraje”.[1]

El 25 de julio de 1819, cuando se dio la batalla del Pantano de Vargas, esto fue lo sucedido, desde la óptica del coronel Barreiro:
Hubo una noche oscura y lluviosa; los soldados españoles se dispersaron y tuvieron entre 140 muertos (entre estos tres oficiales) y heridos. “Como tengo observado que el sistema de Bolívar es encorralar sus tropas, a fin de que se batan desesperadamente y cubiertas con muy buenas posiciones, sería muy útil tener en la división un par de cañoncitos de montaña de los que existen en el parque, y un pequeño obús que me parece hay también; con estas armas se les obligaría a salir de su atrincheramiento y pelear en campo abierto, donde son más fácilmente deshechos”.
Al parecer los españoles alcanzaron a las tropas neogranadinas en ese punto del Pantano de Vargas. Presuntamente tenían los patriotas buenas posiciones en las alturas; el coronel Nicolás López fue comisionado por Barreiro para hacerse a estas posiciones en los cerros y atacar por la retaguardia a los ejércitos de Bolívar. Logrado esta misión por parte de los españoles, la posición estratégica de los colombianos fue delicada ya que además fueron empujados hacia una hondonada por cuenta de los realistas. “La desesperación les inspiró una resolución sin ejemplo, su infantería y su caballería saliendo de los abismos en que se hallaban, treparon por aquellos cerros con furor; nuestra infantería…no pudo resistir sus fuerzas…Tengo observado que Bolívar, poco satisfecho de la buena voluntad de sus tropas, elige siempre posiciones sin salida para que la desesperación produzca los efectos de valor”
Dice que los heridos de los granadinos llegan a 190 entre los que se cuentan al coronel del batallón inglés, que se le cortó un brazo.[2]

En 1819 no existían vías que influenciaran militarmente el terreno. El Ejército libertador tan solo trataba por ese sendero de buscar el camino que conduce a Tunja por Toca empalmando con él en El Salitre.
Ahora, conociendo ya las condiciones generales del terreno no obsta reiterar que las posibles maniobras de encubrimiento solo facilitan protección cuando las fuerzas hostiles ignoran completamente las posiciones del adversario. En este caso convendría hacer los movimientos estratégicos de noche puesto que no estarían tan visibles al bando rival.
Era claro que quien se apoderase de los cerros del Picacho o de la Guerra y del Cangrejo, tendría de por sí abrigo contra el fuego enemigo. Este tipo de terreno donde se dio el enfrentamiento del Pantano de Vargas puede catalogarse como semi cubierto (en las fechas cuando se dieron los acontecimientos). Como obstáculos[3] se pueden considerar: el río Chicamocha, los cerros conocidos hoy con los nombres de Bolívar, de la Guerra y el Cangrejo, así como también el mismo Pantano de Vargas.
¿Cuál era la situación de las fuerzas realistas?
Batallón Primero del Rey al mando del teniente coronel don Nicolás López, 500 hombres.
Batallón 2º del Rey, 200 hombres.
Batallón 2º de Numancia, al mando del teniente coronel don Juan Tolrá, 500 hombres.
Batallón 3º de Numancia, 100 hombres.
Total fuerzas de infantería, 1.300 hombres.

Dragones de Granada al mando del teniente coronel Víctor Sierra, siete compañías, 500 hombres (caballería).
Total de fuerzas realistas: 1.800 efectivos.

Barreiro sabía de la organización del Ejército libertador, pero sabía algo más. Se había noticiado de la situación política de Venezuela, donde los resultados de la campaña en ese territorio habían creado descontento entre los involucrados, que nombraron una suerte de Senado “que depuso del empleo de jefe supremo a aquel cabecilla, dejándole solamente la condecoración de general en jefe de su ejército, que él debía sostener y fomentar…” Suponía acertadamente, Barreiro, que Bolívar necesitaba ganar adeptos y recursos para “contrarrestar el poder del Senado y recobrar el Supremo que antes ejercía.” En este aspecto su instinto estratégico le funcionaba a las mil maravillas; pero donde no le advirtió absolutamente nada, fue en apreciar la capacidad combativa del ejército patriota: despreció la posible eficiencia de combate[4], su unidad, su moral, su disciplina, su entrenamiento y la magnética personalidad del comandante.
Aduce, el autor de la fuente consultada, que en esta subvaloración del contrincante radicó el debacle de sus tropas en este enfrentamiento y el posterior de la batalla de Boyacá. Pero así mismo el factor de éxito de los ganadores de esta pugna de independencia (el ejército granadino), fue su servicio de inteligencia.

¿Cuál era la situación del ejército patriota?
Las cifras presentadas a continuación son solo aproximadas, valga la pena aclararlo previamente.
División de vanguardia, comandante general de brigada Francisco de Paula Santander. Total: 1.100 efectivos.
Infantería.
Batallón de cazadores constantes de la Nueva Granada, comandados por el teniente coronel Joaquín París, 400 hombres.
Batallón de Línea de la Nueva Granada, 600 hombres, comandados por el coronel Antonio Obando.
Caballería.
Escuadrón Guías de Vanguardia, al mando del capitán Antonio María Durán, 100 jinetes.

División de Retaguardia, comandante general de brigada José Antonio Anzoátegui. Total: 1.270 efectivos.
Batallón, Bravos de Páez, comandante, coronel Justo Briceño, 300 hombres.
Batallón Barcelona, comandante, coronel, Ambrosio Plaza, 300 efectivos.
Batallón rifles, comandante, mayor Arturo Sandes, 250 hombres.
Batallón Legión Británica, comandante, coronel Jaime Rooke, 120 hombres.
Brigada de caballería.
Regimiento Infante. Escuadrón Dragones, capitán Julián Mellao, 100 efectivos.
Teniente coronel Leonardo infante, escuadrón Infante, 100 hombres.
Escuadrón lanceros, teniente coronel Juan José Rondón, 100 hombres.En total, aproximadamente, 2.000 efectivos de infantería y 400 de caballería.


Bolívar era partidario de definir rápidamente la campaña puesto que la sorpresa era el arma predilecta del Libertador frente a los ejércitos de Barreiro.
Muy el 20 de julio de 1819 salió Bolívar en busca del ejercito realista en el Valle de Bonza. Desde las 23 horas de ese día se avistaron mutuamente y se parapetaron, habiendo además algunas escaramuzas. Barreiro pasó la noche en la casa de Boncita y Bolívar lo hizo en los corrales de Bonza.
El 21 de julio de 1819, Barreiro se mantiene a la expectativa, considerando el sitio donde estaban las fuerzas patriotas, de difícil acceso. Bolívar aprovecha la pasividad del ejército rival y traslada el cuartel general a la Despensa de Bonza. En horas de la noche intentó inclusive flanquear por la izquierda a Barreiro pero un torrencial aguacero (y la densa oscuridad misma) se lo impidió. El fracaso de este movimiento lo regresó a los corrales de Bonza. Allí planeó flanquear, al ejército realista para llegar a Tunja y cortarles la línea de suministro y comunicación con Santa Fe. Para ello debía atravesar el río Chicamocha[5], que andaba supremamente crecido debido a las lluvias fuertes de los días anteriores. Entonces mandó construir balsas[6] que estuvieron listas el 25 de julio, a las cinco de la mañana. El problema radicó en que se desbarataron algunas de estas balsas y quienes las conducían eran poco prácticos en estos menesteres…solo hasta las diez pudieron emprender el proyecto, pero ya la sorpresa se había perdido y fueron fácilmente visibles. A pesar de ello Bolívar decide seguir adelante, cometiendo de paso un par de errores garrafales: 1- ) cortó la línea de retirada a sus propias tropas, que en caso de haberlo requerido no habría tenido como dar marcha atrás debiendo entregar la vida en aquel sitio. 2- ) Separar demasiado una descubierta de infantería sin ningún tipo de apoyo, cuando lo lógico habría sido emplear a la caballería como respaldo.
Barreiro repostó ubicándose en sitios altos (alto de Murcia o cruz de Murcia) y contrarrestando la andanada patriota. El ejército libertador debió marchar entre el terreno dominado entonces por los españoles y el pantano, sin poder adoptar formaciones de combate. “…Bolívar se veía necesariamente forzado a atacar de frente una posición preparada para la defensa”.
Como en toda partida de estrategia, le tocaba mover al libertador, decidiendo que Santander y su división de vanguardia tomar el cerro del Picacho o de la Guerra, como posición dominante del sector. Este movimiento sería clave para sostener el peso de la batalla por parte de los granadinos.Las fuerzas españolas toman por su parte el cerro del Cangrejo y deciden retomar el cerro de la Guerra, lográndole efectivamente, desalojándolos de la posición alta hacia la quebrada de Varguitas. Los batallones Bravos de Páez y Rifles, apoyados por la Legión Británica contraatacaron, pero los refuerzos enviados por los realistas los hicieron retroceder nuevamente. Los españoles además lanzaron un ataque. La situación de las fuerzas patriotas era angustiosa. Según la tradición, Bolívar exclamó: “Se nos vino la caballería y se perdió la batalla”, a lo cual el teniente coronel Rondón quien tenía sus lanceros en la casa de Varguitas replicó: “¿Cómo va a perder si ni yo ni mis jinetes hemos peleado? Déjenos hacer una entrada.” Bolívar desconcertado le contestó: “Haga lo que pueda; salve, pues, usted, la patria coronel”.
El Coronel Rondón incitó a sus hombres a la lucha y se lanzaron al galope sobre sus enemigos, sembrando el desconcierto y el estupor en las huestes españolas, destacándose:
Juan José Rondón, teniente coronel, venezolano.
Julián Mellao, capitán, venezolano.
Valentín García, capitán.
Miguel Lara, capitán, granadino.
Domingo Mirabal, capitán, venezolano.
Caledonio Sánchez, capitán, venezolano.
José de la Cruz Paredes, teniente.
Rozo Sánchez, teniente.
Pablo Matute, teniente.
Pedro Lancheros, teniente.
Bonifacio Gutiérrez, subteniente granadino, de Piedecuesta.
Miguel Segovia, subteniente.
Pablo Segovia, subteniente (hermano del anterior).
Sargento 2º Inocencio Chincá, granadino.
Los resultados del combate, un “empate técnico”, con la moral para las tropas granadinas de haber, “igualado el marcador”, usando la jerga deportiva actual. “Por una reacción vigorosa que hizo, empeñó el combate de nuevo con desesperación: se apoderó de las alturas, y nuestro ejército, casi envuelto, sufría un fuego horroroso por todas partes. Otras tropas que no hubieran sido las de la República, habrían dejado escapar una victoria tan brillante como la que han obtenido…”
Según el parte dado por el ejército de Bolívar, tuvieron 104 bajas entre muertos y heridos, estando entre los oficiales los siguientes:
Muertos. División de vanguardia, Teniente de Cazadores Mateo Franco.
División de Retaguardia, Teniente coronel José Jiménez y capitanes Ramón García y capitanes Ramón Orta.
Legión Británica, coronel Jaime Rooke y teniente Casely.
De las bajas realistas no hay cifras exactas. Calcula el Coronel Riaño que fueron cercanas las bajas reales de ambos bandos, cercana a los 300 o 350 efectivos.
Como balance general de este combate del Pantano de Vargas, podemos decir que en primera instancia debió haberlo ganado el ejército realista, solo que la tenacidad patriota equilibró con empuje su falta de preparación.
Ninguno de los dos ejércitos quedó en condiciones de proseguir las operaciones, por tanto se dedicaron a buscar afanosamente refuerzos.
El gran triunfo moral de los neogranadinos radicó en haber sido vistos por primera vez como soldados y no como pordioseros por parte de Barreiro y su plana mayor.
La gran derrota de los ejércitos realistas radicó en la falta de mando porque definitivamente Barreiro no supo aprovechar la ventaja de un combate ventajoso para él.

[1] RIAÑO CAMILO. La campaña Libertadora de 1819, Sesquicentenario de la campaña libertadora de 1819, comisión especial asesora, Bogotá D. E., 1969, páginas 219-246.
[2]FUNDACION PARA LA CONMEMORACION DEL BICENTENARIO DEL NATALICIO Y EL SESQUICENTENARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL FRANCISCO DE PAULA SANTANDER,. Los Ejércitos del Rey 1818-1819 Tomo II, Banco de la República departamento editorial, Bogotá D. E. 1989
[3] Obstáculos: elementos físicos que pueden oponerse al movimientos de las tropas atacantes.
[4] Cimentada en tradiciones y hazañas anteriores.
[5] Invadeable en invierno.
[6] Improvisadas, hechas de sauce y amarradas con juncos.
Nota: Para Camilo Riaño, en realidad no fue batalla. Veamos sus argumentos: Dice él que batalla es un choque entre dos fuerzas, con claras proyecciones estratégicas y la participación de la mayoría de las tropas de un teatro de operaciones; mientras tanto, combate es un choque entre dos fuerzas, resultando consecuencias tácticas tan solo. A este enfrentamiento le hizo falta la clara proyección estratégica para definir el conflicto finalmente.

La batalla del Pantano de Vargas se dio el 25 de julio de 1819, cuando los patriotas se enfrentaron a los españoles y los vencieron, gracias al arrojo de la caballería llanera encabezada por coronel venezolano Rondón, que prácticamente recuperó la batalla cuando estaba perdida.
En dicha batalla perdió la vida el valiente coronel James Rook de la Legión británica.
Tratando de reconstruir el escenario de esta cruenta batalla, bosquejemos en general la campaña libertadora cómo venía en ese año de 1819:
De un lado estaban los ejércitos realistas de Venezuela liderados por Pablo Morillo, cuyas tropas estaban acantonados en las montañas, y en cuya estructura interna predominaba la infantería. De otro lado estaban los patriotas en los llanos, comandados por José Antonio Páez, cuyas tropas era compuesta básicamente de caballería.
Ninguna de las dos fuerzas en conflicto buscaba la confrontación directa, los realistas no bajaban a los llanos ni los patriotas subían a las montañas.
¿Cuál fue la estrategia de Simón Bolívar?
La estrategia de Simón Bolívar fue diseñada entre 1816 y 1817, cuando el Libertador “soñó” ocupar Venezuela y liberar Nueva Granada. Estableció cruzar los Andes en la nueva Granada por el páramo de Pisba y enfrentar a los realistas en Boyacá para finiquitar la independencia de España.
El 23 de mayo de 1819, en la Aldea de los Setenta, Simón Bolívar plantea su plan militar a los oficiales venezolanos: la intención era invadir primero la Nueva Granada, liberar luego a Venezuela, llevando los alcances de la guerra a Quito, Perú y Alto Perú. Según el libertador era necesario ocupar el Casanare, unir las tropas venezolanas con las granadinas de Francisco de Paula Santander, cruzar los llanos, atravesar los Andes por la zona más difícil (para hacer más sorpresivo el movimiento tal vez), caer a la provincia de Tunja para enfrentar a un sorprendido ejército realista. En tanto Páez liderando la caballería, sometería a Cúcuta y sus alrededores desviando la atención de los enemigos hacia allí, dividiendo sus tropas y por ende debilitándolas.
¿Por qué invadir primero la Nueva Granada? Porque era sabido del enorme apoyo popular a la causa libertadora y el malestar frente al régimen del terror. No era gratuito que desde entonces el pueblo granadino se defendiese en grupos de guerrillas [1], tan efectivas, que algunas se unieron al ejercito libertador en el paso de los Andes y otras no dejaron reunir en un solo ejército las fuerzas españolas.
¿Y en qué consistía la estrategia de Morillo?
La concepción estratégica de Morillo era unir sus fuerzas, organizando la defensa inicial y posterior contraataque al ejército patriota. Tenía el firme propósito de enviar al mariscal de campo Miguel de la Torre, ir hacia Cúcuta e ingresar al virreinato presentando un frente de batalla unido y fuerte. Logrado esto, se supone que haría retroceder a Bolívar de nuevo hacia la cordillera oriental hacia Venezuela, desde donde pensaba atacarlo por la espalda para eliminarlo definitivamente. Pero el pacificador no tuvo en cuenta la rapidez de movimientos de las tropas de Bolívar, la sorpresa como elemento ganador ni el sigilo de sus planes. Tanto fue así que la no se le había ocurrido posible el paso del ejército patriota en época de inundaciones ni el rápido despliegue hasta Socha en cerca de 40 días, cuando los cálculos de los estrategas españoles asignaban unos 6 meses para ello.
El éxito en la batalla del Pantano de Vargas fue posible gracias a la vitalidad y entrega de los combatientes granadinos y al denodado apoyo de las masas campesinas de la provincia de Tunja.

Bibliografia consultada: Gutiérrez Cely Eugenio y Urrego Ardila Miguel Angel. 1001 cosas sobre la historia de Colombia que todos debemos saber. Circulo de lectores. Intermedio Editores, Santafé de Bogotá Colombia 1995.
OCAMPO LOPEZ JAVIER. El proceso político, militar y social de la Independencia. En Nueva Historia de Colombia 2. Era Republicana. Planeta colombiana Editorial S. A., Santafé de Bogotá 1989-1998.
[1] Llamadas por los realistas “grupos de bandidos”, o “ladrones”.

7 de agosto 1819

El 7 de agosto de 1819 se dio la famosa batalla de Boyacá, cerca de Tunja, sellando la Independencia de la Nueva Granada, con la derrota del principal ejército español. Puso a disposición de Bolívar una gran cantidad de recursos para finiquitar la guerra contra España. Según Morillo: “Bolívar en un solo día acabó con el fruto de cinco años de campaña, y en una sola batalla reconquistó lo que las tropas del rey ganaron en muchos combates”. Las tropas, amunicionadas y listas desde las siete de la mañana, fueron alertadas por sus superiores sobre las nueve horas. Viendo que los españoles se desplazaban por el sendero que conduce al puente de Boyacá, Bolívar ordenó a Anzoátegui y a Santander, por intermedio del coronel Manrique, que el ejército marchara hacia Ventaquemada, por el camino principal, listo a combatir.

A las diez de la mañana de ese 7 de agosto memorable, los neogranadinos emprenden la marcha al encuentro de los españoles, cubriendo los 16 kilómetros que los separaban del Puente de Boyacá, en cuatro horas.

¿Pero cómo era el escenario de la Batalla de Boyacá?

Estaba formado por un valle pequeño, que de occidente a oriente posee como 3 kilómetros, siguiendo el curso del riachuelo de Teatinos o de Boyacá; de sur a norte tiene unos 5 Km. El riachuelo, siendo pequeño, solo da paso en pocos sitios porque en sus orillas el terreno se inclina casi repentinamente, y por lo mismo las riberas, aunque revestidas de yerba y matorrales, son como acantiladas. El único puente cercano era el célebre de la batalla de aquel día [1]; el que actualmente existe está ubicado cerca de la locación antigua.

Ahora, el camino real que de Tunja conducía a Santafé solo tenía cuatro metros de ancho e iba sobre tierra negra y arcilla. Estaba resguardado por la derecha por una alta cordillera y a su izquierda se extendía el valle del río Chulo. En este camino las tropas podían marchar con frente de cuatro hombres. Por este camino venían los combatientes de la Nueva Granada. Los españoles lo hacían desde el camino de Samacá; este camino estaba separado del de Tunja por una misma serranía, solo que este camino apenas permitía la marcha de frente de los individuos. La movilización de piezas pesadas de artillería debían hacerla, en los obstáculos más dispendiosos, a brazo. Curiosamente, al marchar en el mismo sentido por caminos paralelos, no podían verse mutuamente.

¿Cuál era la situación de las fuerzas realistas?
Comandante, coronel graduado José María Barreiro.
Jefe de E. M. G., teniente coronel Sebastián Díaz.
Vanguardia.
Compañías de cazadores de los cuerpos y Batallón Tambo, Coronel Francisco Jiménez, 600 hombres.
Primera Sección.
Batallón Primero del Rey al mando del teniente coronel don Nicolás López, 550 hombres.
Segunda sección.
Batallón 2º de Numancia, al mando del teniente coronel don Juan Tolrá, 600 hombres.
Reserva.
Batallón 3º de Numancia, Teniente Coronel Juan Loño, 550 hombres.
Total infantería: 2.300
Artillería.
2 obuses, 1 cañón, Teniente coronel José Coletes, 20 hombres.
Caballería.
Regimiento de Dragones, teniente coronel Víctor Sierra, 350 hombres.
Flanqueadores, teniente coronel Esteban Díaz.
Totales aproximados: 2.300 hombres de infantería, 20 de artillería y 350 de caballería.

¿Cuál era la situación del ejército patriota?
Ejército Libertador.
Comandante, capitán general Simón Bolívar.
Jefe del Estado Mayor, general de Brigada Carlos Soublette.
División de vanguardia, comandante general de brigada Francisco de Paula Santander.
Infantería.
Batallón de cazadores constantes de la Nueva Granada, comandados por el teniente coronel Joaquín París, 350 hombres.
Batallón Primero de Línea de la Nueva Granada, 550 hombres, comandados por el teniente coronel Antonio Obando.
Caballería.
Escuadrón Guías de Vanguardia, al mando del capitán Antonio María Durán, 100 jinetes.
División de Retaguardia, comandante general de brigada José Antonio Anzoátegui.
Jefe del Estado Mayor divisionario, teniente coronel José María Córdoba.
Infantería.
Batallón rifles, comandante, teniente coronel Arturo Sandes, 250 hombres.
Batallón Barcelona, comandante, coronel, Ambrosio Plaza, 250 efectivos.
Batallón, Bravos de Páez, comandante, coronel Cruz Carrillo, 250 hombres.
Batallón Legión Británica, comandante, Sargento mayor John Mackintosh, 100 hombres.
Caballería.
Escuadrón de lanceros, Primero de llano arriba teniente coronel Juan José Rondón, 100 hombres.
Escuadrón de lanceros, Segundo de llano arriba teniente coronel Leonardo Infante, 100 hombres.
Escuadrón guías de retaguardia, comandante, teniente coronel Hermenegildo Mujica, 100 hombres.
Escuadrón Dragones, capitán Julián Mellao, 100 efectivos.
Reserva.
Voluntarios de Tunja, comandante José Gabriel Lugo, 300 efectivos.
Voluntarios del Socorro, comandante, sargento mayor Félix Soler, 300 efectivos.
Totales aproximados, 2.350 sujetos de infantería y 500 de caballería.

2 de la tarde del 7 de agosto. La descubierta patriota de caballería fue atacada por los cazadores realistas. Empieza un choque de vanguardias…

Como resultado de esta Batalla de Boyacá, fue hecho prisionero el general Barreiro por parte del soldado del 1º de Rifles Pedro Martínez; fue hecho prisionero su 2º , el coronel Jiménez, casi todos los comandantes y mayores de los cuerpos, multitud de subalternos y más de 1.600 soldados. El ejército patriota tuvo 13 muertos y 53 heridos.[2]

Ese 7 de agosto, sin librarse un choque de grandes proporciones, fue muy importante por las notables proyecciones de carácter estratégico que la hicieron base de todas las acciones posteriores con las cuales se selló la libertad de América.

Boyacá, como algunas batallas de los tiempos modernos, constó de dos combates simultáneos: el de las vanguardias y el del grueso de las tropas. La falla del lado español consistió en improvisar y escindirse en dos grupos separados por una zanja grande por lo que no pudieron darse apoyo recíproco, algo con lo que sí contaron los granadinos. [3]

[1] De unos 5 metros de luz y de dos solamente de anchura. De su vieja estructura solo quedaba en 1919, los estribos o fundaciones, puesto que en el año de 1877 se construye uno de mampostería, 60 metros al occidente del anterior.
[2] Concluimos que en realidad, debido a la corta duración, a las pocas bajas y al pequeño número de combatientes, fue en realidad más batalla la del Pantano de Vargas; no obstante debido a las consecuencias a largo plazo y a la incondicional rendición de los realistas los ecos de la batalla de Boyacá son más duraderos.
[3] RIAÑO CAMILO. La campaña Libertadora de 1819, Sesquicentenario de la campaña libertadora de 1819, comisión especial asesora, Bogotá D. E., 1969.

Nota: Este artículo titulado 7 de agosto de 1819 eran originalmente dos artículos en otros de mis blogs, que tuve que unificar y borrar de allí, pues sin explicación fueron desindexados de las búsquedas de google.

Batalla de Boyaca

La batalla de Boyaca selló la independencia de Colombia, miremos una versión diferente de la misma.
El siete de agosto de 1819 es la célebre batalla de Boyacá, que selló la independencia de La Nueva Granada (Colombia). Ya dimos la versión de los hechos, digamos la oficial, la colombiana. Ahora contemos lo sucedido desde la óptica de los derrotados españoles:
7 de agosto de 1819. “Al amanecer de este día se observó que los enemigos mantenían solo un corto número de tropas sobre la ermita de Chiquinquirá.
La división se puso en marcha a las tres y media de la madrugada, dirigiéndose por el páramo y por la dirección a caer por la espalda de la sierra de Tunja al punto del puente de Boyacá, y que se halla situado sobre el camino real de Santa Fe.
A las dos de la tarde llegó la división sobre la vista de dicho punto.
El comandante general mandó avanzase el primer batallón del Rey sobre la casa de postas, situada en el camino real (sin duda con objeto de, si daban tiempo los rebeldes, pasar la división el puente y tomar el camino real de Ventaquemada, que presentaba posiciones ventajosas).
La columna de vanguardia tomó la altura que se le había mandado, cuando se vio atacada por otra columna enemiga de mayor fuerza y con fuertes guerrillas. El comandante general, luego observó que todas las fuerzas enemigas se hallaban en aquel punto, mandó a la vanguardia se replegase a la casa de postas. Mandó también al primer batallón del Rey sostuviese a la vanguardia, que se hallaba atacada por todas las fuerzas enemigas, y también mandó tomar posición a los cuerpos segundo de Numancia, reserva y artillería.
Luego que la vanguardia bajó de la altura, se mandó reunir sobre la posición, lo mismo que el primer batallón del Rey.
Los rebeldes se dirigieron con sus ataques a estos cuerpos que marchaban a situarse sobre la posición mandada; pero, siendo la vanguardia la más atacada, no teniendo otro paso que el puente, pasó al otro lado con la compañía de flanqueadores de Dragones.
El Primer batallón del Rey se situó en la posición, como los demás cuerpos. La posición militar que ocupaba la división lo era una loma poco elevada, situada a la izquierda del camino real de Tunja, sobre la casa de postas situada en la inmediación del Puente de Boyacá. Sobre el frente de nuestra posición seguía un terreno desigual de pequeñas lomas, que las formaba un terreno quebrado, hasta el pie de una elevadísima montaña que ocupaban los enemigos, de la cual dirigían sus ataques.
A nuestro flanco derecho se hallaba una profunda quebrada y a nuestro izquierdo lo era una elevada y prolongada altura.
Nuestra línea la formaban: nuestro flanco derecho con una compañía del segundo de Numancia, situada en una pequeña elevación sobre la derecha del camino que se dirige al puente; seguía el segundo batallón de Numancia en columna cerrada; seguía la reserva en columna cerrada y, a su izquierda, el primer batallón del Rey en la propia forma.
A la izquierda de todos se hallaba la compañía de caballería de granaderos de Dragones, y media compañía de infantería del Rey en guerrillas.
Los frentes de todas las columnas y flancos se hallaban sostenidos por guerrillas que, más o menos, según las circunstancias, se mandaron situar por el comandante general.
A la derecha del segundo de Numancia, se hallaban situados dos cañones. La caballería se hallaba situada a retaguardia en una loma.
La acción dio principio a las dos y minutos de la tarde. Los enemigos sedirigieron con tres columnas sobre nuestra posición y con fuertes guerrillas por todas direcciones.
Nuestras fuerzas permanecían con la mayor firmeza y el fuego era vivo y sostenido por nuestras compañías en guerrillas.
Los enemigos adelantaron una compañía cerrada sobre el batallón de Numancia y dos escuadrones de caballería que, a cubierto del monte habían bajado y reunido a retaguardia de la infantería.
El comandante general mandó al segundo batallón de Numancia que, luego que los enemigos se aproximasen, les cargasen a la bayoneta hasta ponerlos en fuga.
La columna enemiga se hallaba a distancia poco más de medio tiro de fusil del segundo de Numancia, cuando los dos escuadrones enemigos se presentaron y dirigieron al trote sobre los cañones (el de a cuatro se hallaba desmontado).
A la vista de esta carga, nuestras columnas de infantería se desordenaron, a cuyo movimiento los enemigos cargaron, siguiéndose una dispersión de nuestra tropa y fuga, que la fuerza y esmero de muchos buenos oficiales no pudieron contener.
Un escuadrón de caballería del enemigo se dirigió sobre nuestra izquierda y otro cargó sobre los cañones.

La tercera y quinta compañías de Dragones de Granada cargaron sobre un escuadrón enemigo, pero apenas llegaron al crítico momento del choque, volvieron caras y tomaron la fuga nuestra caballería.
Los enemigos rompieron por nuestra infantería desordenada y hacían víctimas y particularmente a todos los oficiales que alcanzaban.
Este fue el resultado de la acción del 7, que acabó poco después de las cuatro y media de la tarde.
La tropa dispersa, así de infantería como de caballería, en pelotones, tomó diversas direcciones, según la situación que a cada uno le cogió en este desgraciado momento.
En esta misma tarde, sobre el pueblo de Samacá, yendo perseguidos por los enemigos, se reunieron el teniente coronel don Juan Loño, comandante del tercero de Numancia; el de igual clase de Dragones don Esteban Díaz, y varios oficiales y soldados, con el jefe del estado mayor, teniente coronel don Sebastian Díaz. Se hizo cargo del mando de esta tropa el teniente coronel don Juan Loño.
Todos los caminos de la izquierda estaban tomados por los enemigos, por lo que fue preciso dirigirse por la derecha, tomando el de Chiquinquirá.[1]

[1]
Bibliografía consultada: FUNDACION PARA LA CONMEMORACION DEL BICENTENARIO DEL NATALICIO Y EL SESQUICENTENARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL FRANCISCO DE PAULA SANTANDER,. Los Ejércitos del Rey 1818-1819 Tomo II, Banco de la República departamento editorial, Bogotá D. E. 1989